La parábola de la citara

Según el texto budista Anguttara-nikaya, el Buddha Shakyamuni tenía un joven discípulo llamado Sona. Este provenía de una acaudalada familia y tenía un carácter alegre y despierto. Desde que había renunciado a la vida secular, se dedicaba a su práctica de manera mucho más asidua que nadie. Sin embargo, no lograba acercarse al estado de iluminación. A medida que pasaban los días, su melancolía cedió paso al desconcierto, que, a su vez, se convirtió en agonía. Al poco tiempo, estaba tan demacrado, que su apariencia era irreconocible.

Cierto día, Buddha estaba paseando y en un camino vio sangre en la arena y las piedras. Y preguntó: – ¿De quién es aquella sangre? La respuesta fue: – De Sona. Este se mortificaba caminando con los pies desnudos sobre las piedras, hasta tal punto que las dejaba teñidas de sangre. Fue en ese momento cuando el Buddha lo visitó. Al tanto de que Sona era un excelente intérprete de la cítara, el Buddha, con gran habilidad, empleó el instrumento como metáfora:

«- Dime, Sona, ¿puedes producir un buen sonido con la cítara si tensas demasiado las cuerdas?»

«- No, Señor, en tal caso los tonos son demasiado altos. – responde, Sona.»

«- Y, por otro lado, ¿puedes extraer un buen sonido si aflojas demasiado las cuerdas?»

«- En ese caso, Señor, los tonos son muy bajos.»

«- Entonces, ¿qué es lo que harías? – pregunta, Buddha.»

«- Hombre de gran virtud, es vital afinar las cuerdas de manera apropiada, sin tensarlas ni aflojarlas demasiado. – finalmente, dice Sona.»

«- Sona, debes darte cuenta de que la práctica del Camino que predico es exactamente lo mismo. Si eres demasiado asiduo en tu práctica, vas a forzar en exceso tu mente y serás presa de una gran tensión. Del mismo modo, si aflojas demasiado tu mente, te dejarás ganar por la ociosidad, conduciéndote a la indolencia y la pereza. Debes, por lo tanto, establecer un equilibrio en tu práctica del Camino. Aplicarte con un esfuerzo adecuado, ecuánime, paso a paso.»

La determinación debe ser muy firme, pero el esfuerzo debe ser adecuado. Sin perjudicar el cuerpo ni dañar la mente.

Este relato se conoce como «La parábola de la cítara». En él, Shakyamuni promovió el Camino Medio, para que las personas no se inclinaran hacia la búsqueda del placer extremo o hacia la mortificación extrema, en ningún ámbito de su vida. Tampoco se estaba refiriendo de ninguna manera a un tipo de compromiso débil que rehuyera el dolor o el sufrimiento. Shakyamuni intentó, antes que nada, ayudar a las personas a establecer, en un nivel mucho más profundo, una mente estable como la tierra, imperturbable tanto en las alegrías como en los sufrimientos. Ecuánime. Por lo tanto, el tema está en verdad más cerca de nosotros de lo que podríamos imaginar. Abriéndonos una puerta hacia un entendimiento de cómo afrontar las vicisitudes de la vida con cierto éxito.

Espero que no ajusten ni aflojen demasiado las cuerdas de su corazón, sino que las afinen de manera equilibrada para interpretar una armoniosa melodía de la vida.

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